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Tras una marcha de ciento cincuenta kilómetros, llegaron a Jaraca, donde los judíos llamados tubienses. (2 Macabeos 12, 17)
Después de haber derrotado y destruido a estos enemigos, dirigió una expedición contra la ciudad amurallada de Efrón, donde se había establecido Lisias con gente de todas las razas. Jóvenes robustos, apostados ante las murallas, combatían con valor. En el interior había muchas reservas de máquinas y proyectiles de guerra. (2 Macabeos 12, 27)
y rezaron al Señor para que perdonara totalmente ese pecado a sus compañeros muertos. El valiente Judas exhortó a sus hombres a que evitaran en adelante tales pecados, pues acababan de ver con sus propios ojos lo que sucedía a los que habían pecado. (2 Macabeos 12, 42)
Pero creían firmemente en una valiosa recompensa para los que mueren como creyentes; de ahí que su inquietud era santa y de acuerdo con la fe. Esta fue la razón por la cual Judas ofreció este sacrificio por los muertos; para que fueran perdonados de su pecado. (2 Macabeos 12, 45)
Vino a Tolemaida, donde los habitantes estaban disgustados por aquel acuerdo, pues ellos mismos habían inspirado los decretos que se suprimían. (2 Macabeos 13, 25)
Por este motivo, envió a Posidonio, Teodoto y Matatías para concertar la paz. (2 Macabeos 14, 19)
Alcimo, viendo el buen entendimiento entre los dos, se hizo una copia del acuerdo pactado y fue donde Demetrio, acusando a Nicanor de actuar en contra de los intereses del Estado, ya que había nombrado ayudante suyo a Judas, el enemigo del reino. (2 Macabeos 14, 26)
Estos aseguraron con juramento que no sabían dónde estaba el que buscaba. Entonces él extendió la mano hacia el Santuario e hizo este juramento: (2 Macabeos 14, 32)
«A ti, Señor del universo, que nada necesitas, te agradó tener entre nosotros un Templo donde moras. (2 Macabeos 14, 35)
Hijo mío, no camines con ellos, no vayas por donde ellos andan. (Proverbios 1, 15)
que abandonan los rectos senderos y se van por caminos oscuros; (Proverbios 2, 13)
que abandona al compañero de su juventud y olvida las alianzas de su Dios. (Proverbios 2, 17)