Mosaico decorativo

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  • No siendo otra cosa que madera dorada y plateada, se reconocer reconocerá más tarde que no son más que mentira. Para todos, naciones y reyes, quedará claro que no son dioses, sino obras de manos de hombres, y que no hay en ellos obra alguna de un dios. (Baruc 6, 50)

  • De modo que es mucho mejor ser un rey que ostenda su poder, o un utensilio provechoso en una casa, del cual se sirve su dueño, que no estos falsos dioses; o una puerta en una casa, que guarda cuanto hay dentro de ella, que no estos falsos dioses; o bien un poste de madera en un palacio, que no estos falsos dioses. (Baruc 6, 58)

  • El sol, la luna y las estrellas, que brillan y tienen una misión, son obedientes: (Baruc 6, 59)

  • Pero aquéllos no pueden compararse a ninguna de estas cosas, ni en presencia, ni en potentia. (Baruc 6, 62)

  • ni hacer ver a las naciones señales en el cielo; ni resplandecen como el sol, ni alumbran como la luna. (Baruc 6, 66)

  • Yo miré: vi un viento huracanado que venía del norte, una gran nube con fuego fulgurante y resplandores en torno, y en el medio como el fulgor del electro, en medio del fuego. (Ezequiel 1, 4)

  • Había en el centro como una forma de cuatro seres cuyo aspecto era el siguiente: tenían forma humana. (Ezequiel 1, 5)

  • Sus piernas eran rectas y la planta de sus pies era como la planta de la pezuña del buey, y relucían como el fulgor del bronce bruñido. (Ezequiel 1, 7)

  • Bajo sus alas había unas manos humanas vueltas hacia las cuatro direcciones, lo mismo que sus caras y sus alas, las de los cuatro. (Ezequiel 1, 8)

  • Sus alas estaban unidas una con otra; al andar no se volvían; cada uno marchaba de frente. (Ezequiel 1, 9)

  • En cuanto a la forma de sus caras, era una cara de hombre, y los cuatro tenían cara de león a la derecha, los cuatro tenían cara de toro a la iquierda, y los cuatro tenían cara de águila. (Ezequiel 1, 10)

  • Miré entonces a los seres y vi que había una rueda en el suelo, al lado de los seres de cuatro caras. (Ezequiel 1, 15)


"Quanto maiores forem os dons, maior deve ser sua humildade, lembrando de que tudo lhe foi dado como empréstimo." São Padre Pio de Pietrelcina