Encontrados 1919 resultados para: San
nada intacto en mi carne por tu enojo, nada sano en mis huesos debido a mi pecado. (Salmos 38, 4)
Mis culpas sobrepasan mi cabeza, como un peso harto grave para mí; (Salmos 38, 5)
Están mis lomos túmidos de fiebre, nada hay sano ya en mi carne; (Salmos 38, 8)
los que me devuelven mal por bien y me acusan cuando yo el bien busco. (Salmos 38, 21)
Y tú, Yahveh, no contengas tus ternuras para mí. Que tu amor y tu verdad incesantes me guarden. (Salmos 40, 12)
Yahveh le guarda, vida y dicha en la tierra le depara, y no le abandona a la saña de sus enemigos; (Salmos 41, 3)
Yo he dicho: «Tenme piedad, Yahveh, sana mi alma, pues contra ti he pecado!» (Salmos 41, 5)
Envía tu luz y tu verdad, ellas me guíen, y me conduzcan a tu monte santo, donde tus Moradas. (Salmos 43, 3)
y con tu propia mano. Para plantarlos a ellos, expulsaste naciones, para ensancharlos, maltrataste pueblos; (Salmos 44, 3)
¡Un río! Sus brazos recrean la ciudad de Dios, santificando las moradas del Altísimo. (Salmos 46, 5)
Grande es Yahveh, y muy digno de loa en la ciudad de nuestro Dios; su monte santo, (Salmos 48, 2)
¿Es que voy a comer carne de toros, o a beber sangre de machos cabríos? (Salmos 50, 13)