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Le prestaban atención porque les había tenido atónitos por mucho tiempo con sus artes mágicas. (Hechos 8, 11)
Pero cuando creyeron a Felipe que anunciaba la Buena Nueva del Reino de Dios y el nombre de Jesucristo, empezaron a bautizarse hombres y mujeres. (Hechos 8, 12)
Hasta el mismo Simón creyó y, una vez bautizado, no se apartaba de Felipe; y estaba atónito al ver las señales y grandes milagros que se realizaban. (Hechos 8, 13)
Estos bajaron y oraron por ellos para que recibieran el Espíritu Santo; (Hechos 8, 15)
pues todavía no había descendido sobre ninguno de ellos; únicamente habían sido bautizados en el nombre del Señor Jesús. (Hechos 8, 16)
Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo. (Hechos 8, 17)
Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu, les ofreció dinero diciendo: (Hechos 8, 18)
«Dadme a mí también este poder para que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo impoga las manos.» (Hechos 8, 19)
En este asunto no tienes tú parte ni herencia, pues tu corazón no es recto delante de Dios. (Hechos 8, 21)
Arrepiéntete, pues, de esa tu maldad y ruega al Señor, a ver si se te perdona ese pensamiento de tu corazón; (Hechos 8, 22)
Simón respondió: «Rogad vosotros al Señor por mí, para que no venga sobre mí ninguna de esas cosas que habéis dicho.» (Hechos 8, 24)
Ellos, después de haber dado testimonio y haber predicado la Palabra del Señor, se volvieron a Jerusalén evangelizando muchos pueblos samaritanos. (Hechos 8, 25)