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No pueden venderse los campos que rodean sus ciudades, pues son su propiedad para siempre. (Levítico 25, 34)
Si tu hermano se empobrece y vacila su mano en asuntos contigo, lo mantendrás como forastero o huésped, para que pueda vivir junto a ti. (Levítico 25, 35)
No tomarás de él interés ni usura, antes bien teme a tu Dios y deja vivir a tu hermano junto a ti. (Levítico 25, 36)
No le darás por interés tu dinero ni le darás tus víveres a usura. (Levítico 25, 37)
Si se empobrece tu hermano en asuntos contigo y tú lo compras, no le impondrás trabajos de esclavo; (Levítico 25, 39)
estará contigo como jornalero o como huésped, y trabajará junto a ti hasta el año del jubileo. (Levítico 25, 40)
Porque ellos son siervos míos, a quienes yo saqué de la tierra de Egipto; no han de ser vendidos como se vende un esclavo. (Levítico 25, 42)
No serás tirano con él, sino que temerás a tu Dios. (Levítico 25, 43)
y los dejaréis en herencia a vuestros hijos después de vosotros como propiedad perpetua. A éstos los podréis tener como siervos; pero si se trata de vuestros hermanos, los israelitas, tú, como entre hermanos, no le mandarás con tiranía. (Levítico 25, 46)
Si el forastero o huésped que mora contigo adquiere bienes, y, en cambio, tu hermano se empobrece en asuntos con él y se vende al forastero, al que mora contigo, o a algún descendiente de familia de forastero, (Levítico 25, 47)
después de haberse vendido le quedará el derecho al rescate: uno de sus hermanos podrá rescatarlo. (Levítico 25, 48)
Lo rescatará su tío paterno, o el hijo de su tío, o algún otro pariente cercano suyo dentro de su familia, o, si alcanzan sus recursos, él mismo podrá rescatarse. (Levítico 25, 49)