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Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio! (I Corintios 9, 16)
Con los que están sin ley, como quien está sin ley para ganar a los que están sin ley, no estando yo sin ley de Dios sino bajo la ley de Cristo. (I Corintios 9, 21)
Me he hecho débil con los débiles para ganar a los débiles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. (I Corintios 9, 22)
¿No sabéis que en las carreras del estadio todos corren, mas uno solo recibe el premio? ¡Corred de manera que lo consigáis! (I Corintios 9, 24)
Los atletas se privan de todo; y eso ¡por una corona corruptible!; nosotros, en cambio, por una incorruptible. (I Corintios 9, 25)
Así pues, yo corro, no como a la ventura; y ejerzo el pugilato, no como dando golpes en el vacío, (I Corintios 9, 26)
sino que golpeo mi cuerpo y lo esclavizo; no sea que, habiendo proclamado a los demás, resulte yo mismo descalificado. (I Corintios 9, 27)
No quiero que ignoréis, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar; (I Corintios 10, 1)
Pero la mayoría de ellos no fueron del agrado de Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. (I Corintios 10, 5)
Estas cosas sucedieron en figura para nosotros para que no codiciemos lo malo como ellos lo codiciaron. (I Corintios 10, 6)
No os hagáis idólatras al igual de algunos de ellos, como dice la Escritura: «Sentóse el pueblo a comer y a beber y se levantó a divertirse.» (I Corintios 10, 7)
Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron y cayeron muertos 23.000 en un solo día. (I Corintios 10, 8)