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los que en su corazón maquinan males, y peleas albergan todo el día, (Salmos 140, 3)
Salmo. De David. Yahveh, escucha mi oración, presta oído a mis súplicas, por tu lealtad respóndeme, por tu justicia; (Salmos 143, 1)
que hizo los cielos y la tierra, el mar y cuanto en ellos hay; que guarda por siempre lealtad, (Salmos 146, 6)
¡Aleluya! ¡Cantad a Yahveh un cantar nuevo: su alabanza en la asamblea de sus amigos! (Salmos 149, 1)
Eleazar, llamado Avarán; y Jonatán, llamado Affús. (I Macabeos 2, 5)
Pero se dijeron: «Si todos nos comportamos como nuestros hermanos y no peleamos contra los gentiles por nuestras vidas y nuestras costumbres, muy pronto nos exterminarán de la tierra.» (I Macabeos 2, 40)
Caleb, por su testimonio en la asamblea, obtuvo una herencia en esta tierra. (I Macabeos 2, 56)
Se convocó la asamblea para prepararse a la guerra, hacer oración y pedir piedad y misericordia. (I Macabeos 3, 44)
Judas, de acuerdo con sus hermanos y con toda la asamblea de Israel, decidió que cada año, a su debido tiempo y durante ocho días a contar del veinticinco del mes de Kisléu, se celebrara con alborozo y regocijo el aniversario de la dedicación del altar. (I Macabeos 4, 59)
Estaban todavía leyendo las cartas, cuando otros mensajeros, con los vestidos rasgados, llegaron de Galilea con esta noticia: (I Macabeos 5, 14)
«Se han unido los de Tolemaida, Tiro, Sidón y toda la Galilea de los Gentiles para acabar con nosotros.» (I Macabeos 5, 15)
Cuando Judas y el pueblo oyeron tales noticias, reunieron una gran asamblea para deliberar sobre lo que habían de hacer para socorrer a sus hermanos puestos en angustia y combatidos de enemigos. (I Macabeos 5, 16)