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Ea, que traigan un poco de agua y lavaos los pies y recostaos bajo este árbol, (Génesis 18, 4)
Abraham se dirigió presuroso a la tienda, a donde Sara, y le dijo: «Apresta tres arrobas de harina de sémola, amasa y haz unas tortas.» (Génesis 18, 6)
Luego tomó cuajada y leche, junto con el becerro que había aderezado, y se lo presentó, manteniéndose en pie delante de ellos bajo el árbol. Así que hubieron comido (Génesis 18, 8)
Dijo entonces aquél: «Volveré sin falta a ti pasado el tiempo de un embarazo, y para entonces tu mujer Sara tendrá un hijo.» Sara lo estaba oyendo a la entrada de la tienda, a sus espaldas. (Génesis 18, 10)
¿Es que hay nada milagroso para Yahveh? En el plazo fijado volveré, al término de un embarazo, y Sara tendrá un hijo.» (Génesis 18, 14)
Abordóle Abraham y dijo: «¿Así que vas a borrar al justo con el malvado? (Génesis 18, 23)
Replicó Abraham: «¡Mira que soy atrevido de interpelar a mi Señor, yo que soy polvo y ceniza! (Génesis 18, 27)
Díjole. «¡Cuidado que soy atrevido de interpelar a mi Señor! ¿Y si se hallaren allí veinte?» (Génesis 18, 31)
Respondió: Tampoco haría destrucción en gracia de los veinte.» Insistió: «Vaya, no se enfade mi Señor, que ya sólo hablaré esta vez: "¿Y si se encuentran allí diez?"» Dijo: «Tampoco haría destrucción, en gracia de los diez.» (Génesis 18, 32)
Partió Yahveh así que hubo acabado de conversar con Abraham, y éste se volvió a su lugar. (Génesis 18, 33)
Y como él remoloneaba, los hombres le asieron de la mano lo mismo que a su mujer y a sus dos hijas por compasión de Yahveh hacia él, y sacándole le dejaron fuera de la ciudad. (Génesis 19, 16)
Díjole: «Bien, te concedo también eso de no arrasar la ciudad que has dicho. (Génesis 19, 21)