Encontrados 1926 resultados para: San
Le dio la vestidura sagrada -obra de un bordador- tejida en oro, jacinto y púrpura; el pectoral del juicio, con el Urím y el Tumím, hecho de hilo escarlata -obra de un artesano- (Eclesiástico 45, 10)
Moisés le confirió la investidura y lo ungió con el óleo santo. Esta fue una alianza eterna para él y para sus descendientes, mientras dure el cielo, para que sirvan a Dios como sacerdotes y bendigan al pueblo en su nombre. (Eclesiástico 45, 15)
Por eso fue sellada en su favor una alianza de paz, que lo hizo jefe del santuario y de su pueblo, de manera que a él y a su descendencia pertenece para siempre la dignidad de Sumo Sacerdote. (Eclesiástico 45, 24)
Antes de la hora de su descanso eterno, dio testimonio ante el Señor y su Ungido: "Yo no he despojado a nadie de sus bienes, ni siquiera de sus sandalias"; y nadie lo acusó. (Eclesiástico 46, 19)
En todas sus obras rindió homenaje al Santo Altísimo, con palabras de gloria; cantó himnos de todo corazón, mostrando su amor por su Creador. (Eclesiástico 47, 8)
dio esplendor a las fiestas, y ordenó perfectamente las solemnidades, haciendo que se alabara el santo nombre del Señor y que resonara el Santuario desde el alba. (Eclesiástico 47, 10)
Salomón reinó en tiempos de paz y Dios le concedió tranquilidad en sus fronteras, a fin de que edificara una Casa a su Nombre y erigiera un Santuario eterno. (Eclesiástico 47, 13)
pero invocaron al Señor misericordioso, tendiendo sus manos hacia él. El Santo los escuchó en seguida desde el cielo y los libró por medio de Isaías, (Eclesiástico 48, 20)
Los enemigos incendiaron la ciudad elegida del Santuario y dejaron desiertas sus calles, (Eclesiástico 49, 6)
Simón, hijo de Onías, fue el Sumo Sacerdoteque durante su vida restauró la Casa y en sus días consolidó el Santuario. (Eclesiástico 50, 1)
Cuando se ponía la vestidura de fiesta y se revestía de sus espléndidos ornamentos, cuando subía al santo altar, él llenaba de gloria el recinto del Santuario. (Eclesiástico 50, 11)
él extendía la mano sobre la copa, derramaba la libación con la sangre de la uva y la vertía al pie del altar, como perfume agradable al Altísimo, Rey del universo. (Eclesiástico 50, 15)