Mosaico decorativo

Encontrados 1233 resultados para: Saúl Intenta Matar A David

  • un tiempo para matar y un tiempo para curar, un tiempo para demoler y un tiempo para edificar; (Eclesiastés 3, 3)

  • Tu cuello es como la torre de David, construida con piedras talladas: de ella cuelgan mil escudos, toda clase de armaduras de guerreros. (Cantar 4, 4)

  • El hombre, en su malicia, puede matar, pero no hace volver el espíritu una vez que se fue, ni libera al alma recibida por el Abismo. (Sabiduría 16, 14)

  • Aléjate del que tiene poder para matar y no experimentarás el temor a la muerte. Si te acercas a él, no cometas ninguna falta, no sea que te quite la vida: ten en cuenta que avanzas entre lazos y que caminas por las almenas de la ciudad. (Eclesiástico 9, 13)

  • Hubo también una alianza con David, hijo de Jesé, de la tribu de Judá; pero esa herencia real pasa del padre a uno solo de sus hijos, mientras que la de Aarón pasa a toda su descendencia. (Eclesiástico 45, 25)

  • Después de él surgió Natán, para profetizar en tiempos de David. (Eclesiástico 47, 1)

  • Como se aparta la grasa del sacrificio de comunión, así fue elegido David entre los israelitas. (Eclesiástico 47, 2)

  • Después de él surgió un hijo lleno de saber que, gracias a David, vivió desahogadamente. (Eclesiástico 47, 12)

  • Pero el Señor no renuncia jamás a su misericordia ni deja que se pierda ninguna de sus palabras: él no hará desaparecer la posteridad de su elegido, ni exterminará la estirpe de aquel que lo amó. Por eso, le dio un resto a Jacob, y a David una raíz nacida de él. (Eclesiástico 47, 22)

  • No quedó nada más que un pueblo muy pequeño, con un jefe de la casa de David. Algunos de ellos hicieron lo que agrada a Dios, pero otros multiplicaron sus pecados. (Eclesiástico 48, 16)

  • Porque Ezequías hizo lo que agrada al Señor y se mantuvo firme en el camino de David, su padre, como se lo ordenó el profeta Isaías, el grande y digno de fe en sus visiones. (Eclesiástico 48, 22)

  • A excepción de David, Ezequías y Josías, todos no hicieron más que prevaricar; por haber abandonado la Ley del Altísimo, los reyes de Judá fueron abandonados. (Eclesiástico 49, 4)


"Deus nunca me recusou um pedido". São Padre Pio de Pietrelcina