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En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma. (II Tesalonicenses 3, 10)
Pero no lo consideren como a un enemigo, sino repréndanlo como a un hermano. (II Tesalonicenses 3, 15)
Que el Señor de la paz les conceda la paz, siempre y en toda forma. El Señor esté con todos ustedes. (II Tesalonicenses 3, 16)
saluda a Timoteo, su verdadero hijo en la fe. Te deseo la gracia, la misericordia y la paz que proceden de Dios Padre y de Cristo Jesús, nuestro Señor. (I Timoteo 1, 2)
y prestara atención a mitos y genealogías interminables. Estas cosas no hacen más que provocar discusiones inútiles, en lugar de servir al designio de Dios fundado sobre la fe. (I Timoteo 1, 4)
Por haberse apartado de esto, algunos terminaron en pura palabrería (I Timoteo 1, 6)
y, pretendiendo ser maestros de la Ley, en realidad no saben lo que dicen ni lo que afirman con tanta seguridad. (I Timoteo 1, 7)
es decir, si se tiene en cuenta que no fue establecida para los justos, sino para los malvados y los rebeldes, para los impíos y pecadores, los sacrílegos y profanadores, los parricidas y matricidas, los asesinos, (I Timoteo 1, 9)
los impúdicos y pervertidos, los traficantes de seres humanos, los tramposos y los perjuros. En una palabra, la Ley está contra todo lo que se opone a la sana doctrina (I Timoteo 1, 10)
del Evangelio que me ha sido confiado, y que nos revela la gloria del bienaventurado Dios. (I Timoteo 1, 11)
a pesar de mis blasfemias, persecuciones e insolencias anteriores. Pero fui tratado con misericordia, porque cuando no tenía fe, actuaba así por ignorancia. (I Timoteo 1, 13)
Y sobreabundó en mí la gracia de nuestro Señor, junto con la fe y el amor de Cristo Jesús. (I Timoteo 1, 14)