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No les creas. Es una emboscada que le preparan más de cuarenta de ellos, comprometidos bajo juramento a no comer ni beber hasta haberlo matado. Ya están dispuestos y sólo esperan tu consentimiento». (Hechos 23, 21)
El tribuno despidió al muchacho, haciéndole esta recomendación: «No digas a nadie que me has contado esto». (Hechos 23, 22)
Después llamó a dos centuriones y les dijo: «Preparen doscientos soldados, setenta jinetes y doscientos lanceros, para que salgan en dirección a Cesarea a las nueve de la noche. (Hechos 23, 23)
Preparen también caballos para Pablo, y llévenlo sano y salvo hasta el gobernador Félix». (Hechos 23, 24)
Aquí te envío a un hombre que fue detenido por los judíos, y cuando ya lo iban a matar, enterándome de que era ciudadano romano, intervine con mis soldados y pude rescatarlo. (Hechos 23, 27)
Queriendo saber exactamente de qué lo acusaban, lo hice comparecer delante del Tribunal judío, (Hechos 23, 28)
pero comprobé que se lo acusaba por cuestiones relativas a la Ley de los judíos, y que no había ningún cargo por el que mereciera la muerte o la prisión. (Hechos 23, 29)
Informado de que se tramaba una conspiración contra este hombre, he querido enviarlo allí en seguida, ordenando también a sus acusadores que te expongan los cargos que tengan contra él. Adiós». (Hechos 23, 30)
De acuerdo con la orden recibida, los soldados tomaron a Pablo y lo condujeron de noche a Antipátride. (Hechos 23, 31)
Llegados a Cesarea, los jinetes entregaron la carta al gobernador y le presentaron a Pablo. (Hechos 23, 33)
El gobernador leyó la carta y preguntó de qué provincia era. Al saber que era de Cilicia, (Hechos 23, 34)
dijo: «Te oiré cuando lleguen tus acusadores». Y lo hizo poner bajo custodia en el pretorio de Herodes. (Hechos 23, 35)