Mosaico decorativo

Encontrados 1247 resultados para: Ram

  • Salomón mandó a decir a Jirám, rey de Tiro: "Haz conmigo lo mismo que hiciste con mi padre David, cuando le enviaste maderas de cedro para que se construyera una casa donde habitar. (II Crónicas 2, 2)

  • Jirám, rey de Tiro, respondió en una carta que envió al rey Salomón: "Por el amor que el Señor tiene a su pueblo te ha constituido rey sobre él". (II Crónicas 2, 10)

  • Por eso, ahora te envió a Jurám Abí, un hombre hábil e inteligente, (II Crónicas 2, 12)

  • Jurám hizo las ollas, las palas y los aspersorios. Así terminó el trabajo que debía hacer para el rey Salomón en la Casa de Dios: (II Crónicas 4, 11)

  • las ollas, las palas y los tenedores. Todos estos objetos, Jurám Abí los hizo para el rey Salomón, para la Casa del Señor, en bronce reluciente. (II Crónicas 4, 16)

  • Cuando un hombre peque contra su prójimo, si se lo obliga a prestar el juramento imprecatorio, y él viene a pronunciar la imprecación sobre tu altar, en esta Casa, (II Crónicas 6, 22)

  • él reconstruyó las ciudades que le había dado Jirám y estableció en ellas a los israelitas. (II Crónicas 8, 2)

  • Jirám, por medio de sus servidores, le envió una flota y algunos marineros, buenos conocedores del mar. Ellos fueron a Ofir con los servidores de Salomón, y trajeron de allí cuatrocientos talentos de oro, que entregaron al rey Salomón. (II Crónicas 8, 18)

  • Los servidores de Jirám y de Salomón, que habían traído el oro de Ofir, trajeron también madera de sándalo y piedras preciosas. (II Crónicas 9, 10)

  • Porque el rey disponía de una flota que iba a Tarsis con los servidores de Jirám, y una vez cada tres años las naves de alta mar llegaban cargadas de oro, plata, marfil, monos y pavos reales. (II Crónicas 9, 21)

  • Pero el rey Roboám les respondió duramente; desechó el consejo de los ancianos (II Crónicas 10, 13)

  • El rey Roboám envió a Adorám, el encargado del reclutamiento, pero los israelitas lo mataron a pedradas. Y el mismo rey Roboám tuvo que subir precipitadamente a su carro para huir a Jerusalén. (II Crónicas 10, 18)


"A mansidão reprime a ira." São Padre Pio de Pietrelcina