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ni los ladrones, ni los avaros, ni los bebedores, ni los difamadores, ni los usurpadores heredarán el Reino de Dios. (I Corintios 6, 10)
Algunos de ustedes fueron así, pero ahora han sido purificados, santificados y justificados en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios. (I Corintios 6, 11)
«Todo me está permitido», pero no todo es conveniente. «Todo me está permitido», pero no me dejaré dominar por nada. (I Corintios 6, 12)
Los alimentos son para el estómago y el estómago para los alimentos, y Dios destruirá a ambos. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor es para el cuerpo. (I Corintios 6, 13)
Y Dios que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros con su poder. (I Corintios 6, 14)
¿No saben que el que se une a una prostituta, se hace un solo cuerpo con ella? Porque dice la Escritura: Los dos serán una sola carne. (I Corintios 6, 16)
En cambio, el que se une al Señor se hace un solo espíritu con él. (I Corintios 6, 17)
Eviten la fornicación. Cualquier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo, pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. (I Corintios 6, 18)
¿O no saben que sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y que han recibido de Dios? Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, (I Corintios 6, 19)
sino que han sido comprados, ¡y a qué precio! Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos. (I Corintios 6, 20)
Ahora responderé a lo que ustedes me han preguntado por escrito: Es bueno para el hombre abstenerse de la mujer. (I Corintios 7, 1)
Sin embargo, por el peligro de incontinencia, que cada hombre tenga su propia esposa, y cada mujer, su propio marido. (I Corintios 7, 2)