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  • Ahora bien, nosotros sabemos que todo lo que dice la Ley es válido solamente para los que están bajo la Ley, a fin de que nadie pueda alegar inocencia y todo el mundo sea reconocido culpable delante de Dios. (Romanos 3, 19)

  • Porque a los ojos de Dios, nadie será justificado por las obras de la Ley, ya que la Ley se limita a hacernos conocer el pecado. (Romanos 3, 20)

  • Pero ahora, sin la Ley, se ha manifestado la justicia de Dios atestiguada por la Ley y los Profetas: (Romanos 3, 21)

  • la justicia de Dios, por la fe en Jesucristo, para todos los que creen. Porque no hay ninguna distinción: (Romanos 3, 22)

  • todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, (Romanos 3, 23)

  • pero son justificados gratuitamente por su gracia, en virtud de la redención cumplida en Cristo Jesús. (Romanos 3, 24)

  • Él fue puesto por Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, gracias a la fe. De esa manera, Dios ha querido mostrar su justicia: (Romanos 3, 25)

  • en el tiempo de la paciencia divina, pasando por alto los pecados cometidos anteriormente, y en el tiempo presente, siendo justo y justificando a los que creen en Jesús. (Romanos 3, 26)

  • ¿Qué derecho hay entonces para gloriarse? Ninguno. Pero, ¿en virtud de qué ley se excluye ese derecho? ¿Por la ley de las obras? No, sino por la ley de la fe. (Romanos 3, 27)

  • Porque nosotros estimamos que el hombre es justificado por la fe, sin las obras de la Ley. (Romanos 3, 28)

  • porque no hay más que un solo Dios, que justificará a los circuncisos en virtud de la fe y a los incircuncisos por medio de esa misma fe. (Romanos 3, 30)

  • Entonces, ¿por medio de la fe, anulamos la Ley? ¡Ni pensarlo! Por el contrario, la confirmamos. (Romanos 3, 31)


"No tumulto das paixões terrenas, surge a grande esperança da misericórdia inexorável de Deus." São Padre Pio de Pietrelcina