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una vez que se le haga conocer el pecado que ha cometido, presentará como ofrenda por la falta cometida, una cabra hembra y sin defecto. (Levítico 4, 28)
Luego quitará toda la grasa de la víctima, como se hace en los sacrificios de comunión, y la hará arder sobre el altar, como aroma agradable al Señor. De esta manera, el sacerdote practicará el rito de expiación en favor de esa persona, y así será perdonada. (Levítico 4, 31)
Si lo que trae como ofrenda por el pecado es un cordero, deberá ser hembra y sin defecto. (Levítico 4, 32)
Después quitará toda la grasa del animal, como se quita la grasa del cordero en los sacrificios de comunión, y la hará arder sobre el altar, junto con las ofrendas que se queman para el Señor. De esta manera, el sacerdote practicará el rito de expiación en favor de esa persona, por el pecado que cometió, y así será perdonada. (Levítico 4, 35)
Si una persona peca por cualquiera de estos motivos: Cuando oye la fórmula imprecatoria del juez, se niega a prestar declaración -pudiendo atestiguar, porque ha presenciado el hecho o tiene algún conocimiento de él- y por eso carga sobre sí una culpa; (Levítico 5, 1)
o bien, sin darse cuenta, pronuncia un juramento desfavorable o favorable -en cualquiera de esas circunstancias en que los hombres suelen jurar irreflexivamente- y al tener conocimiento de ello, se reconoce culpable; (Levítico 5, 4)
si alguien se hace culpable por alguno de estos motivos, deberá confesar aquello en que ha pecado. (Levítico 5, 5)
Además presentará al Señor, en reparación por el pecado que cometió, una hembra del ganado menor -cordera o cabra- como sacrificio por el pecado; y el sacerdote practicará en favor de esa persona el rito de expiación por su pecado. (Levítico 5, 6)
Pero si no dispone de medios suficientes para procurarse una oveja, presentará al Señor, en reparación por el pecado cometido, dos torcazas o dos pichones de paloma, uno para un sacrificio por el pecado y otro para un holocausto. (Levítico 5, 7)
Los llevará al sacerdote, que ofrecerá en primer lugar la víctima destinada al sacrificio por el pecado. Apretará con las uñas el cuello del animal, pero no le arrancará la cabeza; (Levítico 5, 8)
luego rociará la pared del altar con un poco de sangre, y el resto lo escurrirá sobre la base del altar: es un sacrificio por el pecado. (Levítico 5, 9)
Después hará con la segunda paloma un holocausto conforme al ritual. De esta manera, el sacerdote practicará en favor de esa persona el rito de expiación por el pecado que cometió, y así será perdonada. (Levítico 5, 10)