Encontrados 3984 resultados para: Dios Fuerte
Yo, como mis hermanos, entrego mi cuerpo y mi alma por las leyes de nuestros padres, invocando a Dios para que pronto se muestro propicio con nuestra nación y para que te haga confesar, a fuerza de aflicciones y golpes, que él es el único Dios. (II Macabeos 7, 37)
los cobardes y los que desconfiaban de la justicia de Dios se dispersaron y buscaron refugio en otra parte. (II Macabeos 8, 13)
"Ellos, les dijo, confían en sus armas y en su audacia, pero nosotros confiamos en el Dios todopoderoso que puede deshacer con un solo gesto no sólo a los que nos atacan, sino también al mundo entero". (II Macabeos 8, 18)
También mandó a Eleazar que leyera en alta voz el Libro sagrado. Y finalmente, dándoles como santo y seña el grito "Auxilio de Dios", se lanzó él mismo a combatir contra Nicanor, al frente del primer cuerpo. (II Macabeos 8, 23)
El Señor, que todo lo ve, el Dios de Israel, lo castigó con un mal incurable e invisible. Apenas pronunciadas estas palabras, sintió un intenso dolor intestinal con agudos retorcijones internos. (II Macabeos 9, 5)
Aquel que poco antes, llevado de una jactancia sobrehumana, creía dictar ordenes a las olas del mar y pensaba pesar en la balanza las cimas de los montes, era llevado en camilla, después de haber caído en tierra. Así ponía de manifiesto a los ojos de todos el poder de Dios. (II Macabeos 9, 8)
Como ni él mismo podía soportar su propio hedor, exclamó: "Es justo someterse a Dios y no creerse igual a él, siendo un simple mortal". (II Macabeos 9, 12)
y finalmente, que se haría judío y recorrería todos los lugares habitados, proclamando el poder de Dios. (II Macabeos 9, 17)
Como sus dolores no se calmaban de ninguna forma, porque el justo juicio de Dios se había abatido sobre él, y desesperando de su salud, escribió a los judíos, en tono de súplica, la carta que se transcribe a continuación: (II Macabeos 9, 18)
Los partidarios del Macabeo, después de celebrar una rogativa y de pedir a Dios que luchara en favor de ellos, se lanzaron contra las fortificaciones de los idumeos. (II Macabeos 10, 16)
Mientras él se aproximaba, el Macabeo y sus hombres cubrieron de polvo su cabeza y se ciñeron la cintura con cilicios, para suplicar a Dios. (II Macabeos 10, 25)
Los defensores, confiados en la solidez inexpugnable de la plaza fuerte, proferían blasfemias y maldiciones. (II Macabeos 10, 34)