Mosaico decorativo

Encontrados 4547 resultados para: David Como Rey

  • Entonces dijeron al Faraón: "Aquí está el dedo de Dios". A pesar de esto, el Faraón persistió en su obstinación y no los escuchó, como el Señor lo había predicho. (Exodo 8, 15)

  • Ellos recogieron el hollín y se presentaron ante el Faraón. Moisés lo arrojó hacia el cielo, y tanto los hombres como los animales se cubrieron de úlceras. (Exodo 9, 10)

  • Los magos no pudieron enfrentarse con Moisés a causa de las úlceras que les habían salido como a todos los demás egipcios. (Exodo 9, 11)

  • Pero el Señor endureció el corazón del Faraón, y él no los escuchó, como el Señor había predicho a Moisés. (Exodo 9, 12)

  • Porque esta vez estoy dispuesto a enviar todas mis plagas contra ti, contra tus servidores y contra todo tu pueblo, para que sepas que no hay nadie como yo en toda la tierra. (Exodo 9, 14)

  • Pero mañana, a esta misma hora, haré caer sobre Egipto una terrible granizada, como no la hubo desde su fundación hasta el presente. (Exodo 9, 18)

  • El trigo y la espelta, en cambio, como son tardíos, escaparon a la destrucción. (Exodo 9, 32)

  • El Faraón se obstinó y no dejó partir a los israelitas, como el Señor lo había predicho por medio de Moisés. (Exodo 9, 35)

  • "¡Que el Señor esté con ustedes, así como yo los dejo partir con sus familias!", replicó el Faraón. "Sean testigos ustedes mismos de su mala fe. (Exodo 10, 10)

  • ¡No! También nuestro ganado vendrá con nosotros. Ni un solo animal quedará aquí, porque nosotros queremos tomar de lo nuestro para rendir culto al Señor, nuestro Dios. Por otra parte, hasta que no lleguemos al lugar señalado, no sabremos cómo rendirle culto". (Exodo 10, 26)

  • El Señor, por su parte, hizo que el pueblo se ganara el favor de los egipcios, y el mismo Moisés llegó a gozar de gran prestigio en Egipto, tanto entre los servidores del Faraón como entre el pueblo. (Exodo 11, 3)

  • Entonces resonará en todo Egipto un alarido inmenso, como nunca lo hubo ni lo habrá jamás. (Exodo 11, 6)


"A prática das bem-aventuranças não requer atos de heroísmo, mas a aceitação simples e humilde das provações." São Padre Pio de Pietrelcina