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Moisés preguntó entonces por el chivo del sacrificio por el pecado. Al enterarse de que ya había sido quemado, se irritó contra Eleazar e Itamar, los hijos de Aarón que habían sobrevivido, y exclamó: (Levítico 10, 16)
el damán (Levítico 11, 5)
Entre los animales que viven en el agua, ya sea en el mar o en los ríos, ustedes podrán comer aquellos que tienen aletas y escamas. (Levítico 11, 9)
Pero deberán tener por una cosa inmunda a cualquier animal que carezca de aletas y escamas, entre los seres que se mueven por las aguas y entre los vivientes que están en las aguas, ya sea en el mar o en los ríos. (Levítico 11, 10)
Todo lo que vive en el agua y no tiene aletas ni escamas, será para ustedes una cosa inmunda. (Levítico 11, 12)
las diferentes clases de lagartijas, la salamandra y el camaleón. (Levítico 11, 30)
Si en la piel de una persona aparece una inflamación, que luego se cura, (Levítico 13, 18)
pero en el lugar donde estaba la inflamación se forma una hinchazón blancuzca o una mancha de color rojizo pálido, el enfermo se presentará al sacerdote. (Levítico 13, 19)
Si el sacerdote ve que la zona afectada está más hundida que la piel, y que el vello se ha puesto blanco, deberá declararlo impuro: es un caso de lepra que ha proliferado en la inflamación. (Levítico 13, 20)
y si la inflamación continúa extendiéndose por la piel, deberá declararlo impuro: es una verdadera afección. (Levítico 13, 22)
En cambio, si la mancha permanece estacionaria y no se extiende, es la cicatriz de la inflamación, y por lo tanto, el sacerdote deberá declarar pura a la persona afectada. (Levítico 13, 23)
el sacerdote examinará la parte afectada. Si esta aparece más hundida que el resto de la piel, y en ella el pelo se ha vuelto amarillento y débil, el sacerdote tendrá que declarar impuro al enfermo: es tiña, o sea, lepra de la cabeza y del mentón. (Levítico 13, 30)