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Llena a Sión de alabanzas por tu triunfo, y a tu pueblo, cólmalo de tu gloria. (Eclesiástico 36, 13)
El que adquiere una mujer tiene el comienzo de la fortuna, una ayuda adecuada a él y una columna donde apoyarse. (Eclesiástico 36, 24)
Todo amigo dice: "También yo soy tu amigo", pero hay amigos que lo son sólo de nombre. (Eclesiástico 37, 1)
Nunca te olvides de un buen amigo, y acuérdate de él cuando tengas riquezas. (Eclesiástico 37, 6)
Todo el que aconseja recomienda su consejo, pero hay quien aconseja pensando sólo en sí mismo. (Eclesiástico 37, 7)
No pidas consejo a una mujer sobre su rival, ni a un cobarde sobre la guerra, ni a un comerciante sobre un negocio, ni a un comprador sobre una venta, ni a un envidioso sobre la gratitud, ni a un despiadado sobre un beneficio, ni a un perezoso sobre cualquier trabajo, ni al que trabaja por horas sobre la conclusión de una obra, ni a un servidor holgazán sobre un trabajo difícil: no cuentes con estos para ningún consejo. (Eclesiástico 37, 11)
Un hombre sabio es colmado de bendiciones y, al verlo, todos lo felicitan. (Eclesiástico 37, 24)
Porque el exceso en las comidas acarrea enfermedades y la glotonería provoca cólicos. (Eclesiástico 37, 30)
La glotonería causó la muerte de muchos, pero el que se cuida prolongará su vida. (Eclesiástico 37, 31)
Con esos remedios el médico cura y quita el dolor, y el farmacéutico prepara sus ungüentos. (Eclesiástico 38, 7)
Llora amargamente, golpéate el pecho, y observa el duelo que él se merece, uno o dos días, para evitar comentarios, y luego consuélate de tu tristeza. (Eclesiástico 38, 17)
Nunca lo olvides: ¡no hay camino de retorno! Al muerto, no podrás serle útil y te harás mal a ti. (Eclesiástico 38, 21)