Encontrados 102 resultados para: siquiera

  • pero no de ese árbol que está en medio del jardín, pues Dios nos ha dicho: No coman de él ni lo prueban siquiera, porque si lo hacen morirán.» (Génesis 3, 3)

  • Entonces dijo la hija mayor a la menor: «Nuestro padre está viejo y no ha quedado ni un hombre siquiera en esta región que pueda unirse a nosotras como se hace en todo el mundo. (Génesis 19, 31)

  • Ni siquiera había terminado de decir estas palabras en mi interior, cuando apareció Rebeca, con su cántaro al hombro, y bajó a la fuente para sacar agua. (Génesis 24, 45)

  • Ni siquiera me has dejado besar a mis hijos y a mis hijas. Te has portado como un tonto. (Génesis 31, 28)

  • Y Yavé lo hizo al día siguiente: murieron todos los animales pertenecientes a los egipcios, mientras que no murió ni uno siquiera de los que pertenecían a los israelitas. (Exodo 9, 6)

  • y ni siquiera sabemos cuáles animales hemos de ofrecer hasta que lleguemos al lugar.» (Exodo 10, 27)

  • Pero entre los hijos de Israel, ni siquiera un perro llorará por la muerte de un hombre o por la muerte de animales, y ustedes sabrán que Yavé hace distinción entre egipcios e israelitas. (Exodo 11, 7)

  • Tratándose de justicia, no favorecerás ni siquiera al pobre. (Exodo 23, 3)

  • Cumplan todas estas cosas que les he dicho. No invoquen a dioses extranjeros, ni siquiera los nombren. (Exodo 23, 13)

  • Pero que ninguno suba contigo, ni aparezca nadie en todo el monte: ni siquiera oveja ni buey paste en los alrededores.» (Exodo 34, 3)

  • La comerán no sólo uno o dos, o siquiera cinco, diez o veinte días, (Números 11, 19)

  • ¿Piensas que nos trajiste a una tierra que mana leche y miel? ¡Si ni siquiera nos has dado campos ni viñas! ¿Crees que toda esa gente está ciega? ¡No iremos, pues!" Moisés se enojó mucho y dijo a Yavé: "No mires su ofrenda, no les he quitado nada, ni siquiera un burro, ni les he hecho daño a ninguno de ellos". (Números 16, 14)


“A pessoa que nunca medita é como alguém que nunca se olha no espelho e, assim, não se cuida e sai desarrumada. A pessoa que medita e dirige seus pensamentos a Deus, que é o espelho de sua alma, procura conhecer seus defeitos, tenta corrigi-los, modera seus impulsos e põe em ordem sua consciência.” São Padre Pio de Pietrelcina