Encontrados 387 resultados para: Vino
El vino se ha terminado, la viña se ha secado, todos los que tenían el corazón alegre andan ahora tristes. (Isaías 24, 7)
Ya no se toma vino ni se canta, y los que toman, sienten amargos los licores. (Isaías 24, 9)
La gente se queja en las calles porque no hay vino, la alegría ya no se ve y las fiestas han desaparecido del país. (Isaías 24, 11)
¡Ay de esa ciudad, pretenciosa corona de los borrachos de Efraím, esplendido adorno de flores marchitas en lo alto del valle fértil! ¡Todos quedan tendidos por el vino! (Isaías 28, 1)
También éstos se tambalean bajo los efectos del vino, sacerdotes y profetas andan dando tumbos por haber tomado tanto. El vino los hace titubear y los licores fuertes les hacen perder los sentidos: divagan en sus visiones y tartamudean al dar sus sentencias. (Isaías 28, 7)
Embrutézcanse y pónganse tontos, anden ciegos, sin vista, quedense ebrios, pero no por el vino, maréense, pero no por el licor. (Isaías 29, 9)
Y luego volveré y los llevaré a una tierra como la de ustedes, tierra de trigo y de viñas, tierra de pan y de vino. (Isaías 36, 17)
Ahora bien, Yavé dice sobre el rey de Asur: «No entrará en esta ciudad, no le tirará ninguna flecha, no la atacará con torres rodantes ni construirá terraplenes contra ella, sino que se volverá por el camino por donde vino.» (Isaías 37, 34)
En aquellos días Ezequías cayó enfermo de muerte. El profeta Isaías, hijo de Amós, vino a decirle de parte de Yavé: «Esto te dice Yavé: Pon en orden las cosas de tu familia, porque vas a morir y no sanarás.» (Isaías 38, 1)
Entonces Isaías vino a ver a Ezequías y le preguntó: «¿Qué han dicho esos hombres? ¿De dónde venían?» Y Ezequías respondió: «Han venido de un país lejano, de Babilonia.» (Isaías 39, 3)
A tus opresores los haré comer su propia carne. y se emborracharán con su sangre como si fuese vino. Y todo mortal sabrá que yo, Yavé, soy tu Salvador y que tu Redentor es el Campeón de Jacob. (Isaías 49, 26)
Por esto, óyeme, infeliz, que te has embriagado con algo que no es vino. (Isaías 51, 21)