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Empiezo ya a sentir vergüenza: nosotros fuimos demasiado blandos. Pero si otros son tan atrevidos, hablo como un loco, ¿por qué yo no? (2º Carta a los Corintios 11, 21)
¿Son hebreos? También yo lo soy. ¿Son israelitas? También yo. ¿Son descendientes de Abrahán? También yo. ¿Son ministros de Cristo? (2º Carta a los Corintios 11, 22)
Ahora por tercera vez me preparo para visitarlos, y tampoco seré para ustedes una carga, pues no me intereso por lo que tienen, sino por ustedes mismos; y no son los hijos los que deben juntar dinero para sus padres, sino los padres para sus hijos. (2º Carta a los Corintios 12, 14)
Pero no hay otro; solamente hay personas que tratan de dar vuelta al Evangelio de Cristo y siembran confusión entre ustedes. (Carta a los Gálatas 1, 7)
de manera que las Iglesias de Cristo en Judea no me conocían personalmente. (Carta a los Gálatas 1, 22)
En cuanto a los dirigentes de más consideración (lo que hayan sido antes no me importa, pues Dios no se fija en la condición de las personas), no me pidieron que hiciera marcha atrás. (Carta a los Gálatas 2, 6)
Santiago, Cefas y Juan reconocieron la gracia que Dios me ha concedido. Estos hombres, que son considerados pilares de la Iglesia, nos estrecharon la mano a mí y a Bernabé en señal de comunión: Nosotros nos dirigiríamos a los paganos y ellos a los judíos. (Carta a los Gálatas 2, 9)
Sin embargo hemos reconocido que las personas no son justas como Dios las quiere por haber observado la Ley, sino por la fe en Cristo Jesús. Por eso hemos creído en Cristo Jesús, para ser hechos justos a partir de la fe en Cristo Jesús, y no por las prácticas de la Ley. Porque el cumplimiento de la Ley no hará nunca de ningún mortal una persona justa según Dios. (Carta a los Gálatas 2, 16)
¡Qué tontos son ustedes, gálatas! ¿Cómo se han dejado hipnotizar ustedes, a quienes se les presentó a Cristo Jesús crucificado como si lo vieran? (Carta a los Gálatas 3, 1)
¡Qué tontos son! ¡Empezar con el espíritu para terminar con la carne! (Carta a los Gálatas 3, 3)
Entiendan, pues, que quienes toman el camino de la fe son hijos de Abrahán. (Carta a los Gálatas 3, 7)
Ustedes están en Cristo Jesús, y todos son hijos de Dios gracias a la fe. (Carta a los Gálatas 3, 26)