Mosaico decorativo

Encontrados 2374 resultados para: Mar

  • Todos lo aprobaban y se quedaban maravillados, mientras esta proclamación de la gracia de Dios salía de sus labios. Y decían: «¡Pensar que es el hijo de José!» (Evangelio según San Lucas 4, 22)

  • En eso vio dos barcas amarradas al borde del lago; los pescadores habían bajado y lavaban las redes. (Evangelio según San Lucas 5, 2)

  • Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: «Lleva la barca mar adentro y echen las redes para pescar.» (Evangelio según San Lucas 5, 4)

  • De inmediato los maestros de la Ley y los fariseos empezaron a pensar: «¿Cómo puede blasfemar de este modo? ¿Quién puede perdonar los pecados fuera de Dios?» (Evangelio según San Lucas 5, 21)

  • No he venido para llamar a los buenos, sino para invitar a los pecadores a que se arrepientan.» (Evangelio según San Lucas 5, 32)

  • Nadie echa tampoco vino nuevo en envases de cuero viejos; si lo hace, el vino nuevo hará reventar los envases, se derramará el vino y se perderán también los envases. (Evangelio según San Lucas 5, 37)

  • El discípulo no está por encima de su maestro, pero si se deja formar, se parecerá a su maestro. (Evangelio según San Lucas 6, 40)

  • y también algunas mujeres, a las que había curado de espíritus malos o de enfermedades: María, por sobrenombre Magdalena, de la que habían salido siete demonios; (Evangelio según San Lucas 8, 2)

  • Un día subió Jesús a una barca con sus discípulos y les dijo: «Crucemos a la otra orilla del lago.» Y remaron mar adentro. (Evangelio según San Lucas 8, 22)

  • De repente un demonio se apodera de él y empieza a dar gritos; lo hace retorcerse con violencia y echar espumarajos, y no lo suelta sino cuando está totalmente molido. (Evangelio según San Lucas 9, 39)

  • Envió mensajeros delante de él, que fueron y entraron en un pueblo samaritano para prepararle alojamiento. (Evangelio según San Lucas 9, 52)

  • Pero los samaritanos no lo quisieron recibir, porque se dirigía a Jerusalén. (Evangelio según San Lucas 9, 53)


"O trabalho é tão sagrado como a oração". São Padre Pio de Pietrelcina