Encontrados 1655 resultados para: Eli
Los sacerdotes, los levitas, los porteros, los cantores, los ayudantes y los demás israelitas se establecieron en sus ciudades. (Nehemías 7, 72)
Toda la asamblea de los que habían regresado del destierro, hicieron chozas y habitaron en ellas, cosa que los israelitas no habían hecho desde los días de Josué, hijo de Nun. Y hubo gran alegría. (Nehemías 8, 17)
El día (24) de aquel mismo mes se reunieron los israelitas para ayunar, vestidos con sacos y con la cabeza cubierta de polvo. (Nehemías 9, 1)
y sus hermanos Sebanías, Hodías, Quelitá, Pelaías, Hanán, (Nehemías 10, 11)
pues a estas bodegas los israelitas y los levitas traerán lo que deben en trigo, vino y aceite; allí se encuentran también los utensilios del Santuario, los sacerdotes que están de servicio y los porteros y cantores. Así no descuidaremos la Casa de nuestro Dios. (Nehemías 10, 40)
El resto de los israelitas, de los sacerdotes y levitas se estableció en todas las ciudades de Judá, cada uno en su propiedad y en los poblados situados en los campos. Parte de los hijos de Judá habitaban en Quiryat-Arbá y sus aldeas dependientes, en Dibón y sus aldeas dependientes, en Jecabseel y sus poblados, (Nehemías 11, 25)
y a los sacerdotes Elyaquin, Maeseías, Minyamin, Mika, Elionai, Zacarías y Jananías, con las trompetas; (Nehemías 12, 41)
En aquellos tiempos se nombró encargados que vigilaran las bodegas en que se almacenaban las contribuciones, las primicias y los diezmos. En ellas debían recoger de las diversas ciudades del territorio las porciones que la Ley otorga a los sacerdotes y a los levitas, pues la gente de Judá estaba feliz al ver a los sacerdotes y levitas en sus funciones. (Nehemías 12, 44)
Cada tres años repartía el tercer diezmo a los huérfanos, viudas y extranjeros que convivían con los israelitas, celebrando una comida con ellos conforme a lo ordenado en la ley de Moisés y a los preceptos de Débora, madre de mi padre, la cual me crió cuando me quedé huérfano por la muerte de mi padre. (Tobías 1, 8)
También enterré a los que mató Senaquerib a su regreso de Judea, después del castigo que recibió del Rey del cielo, a causa de sus blasfemias. En su enojo, mató a muchos israelitas, y yo escondí sus cuerpos y los enterré. Senaquerib los buscó, pero no los encontró. (Tobías 1, 18)
No sabía que arriba de la pared había gorriones, los cuales dejaron caer sus excrementos que, calientes, cayeron sobre mis ojos, causándome manchas blancas. Fui a los médicos para que me sanaran, pero mientras más remedios me ponían, menos veía, hasta que quedé ciego. Estuve cuatro años sin ver. Mis hermanos estaban afligidos; Ajikar se preocupó de mi alimentación durante dos años, hasta que se trasladó a Elimaida. (Tobías 2, 10)
Acuérdate de todos los peligros por los que pasó cuando te esperaba. Cuando muera, entiérrala junto a mí, en la misma tumba. (Tobías 4, 4)