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Escucha mi plegaria y la de Israel, tu pueblo, cuando recen en este lugar. Desde tu morada celestial escucha y perdona. (1 Reyes 8, 30)
escúchalos desde el cielo y perdona el pecado de Israel. Devuélvelos a la tierra de sus padres. (1 Reyes 8, 34)
escucha desde los cielos y perdona a Israel. Enséñales el buen camino que deben seguir y envía lluvia sobre tu tierra que diste por heredad a tu pueblo. (1 Reyes 8, 36)
escúchalo desde tu morada celestial. Perdona, actúa y da a cada uno según se lo merezca, pues sólo tú conoces el corazón de todos. (1 Reyes 8, 39)
escúchalo desde tu morada celestial y haz todo lo que te haya pedido. Así todos los pueblos de la tierra conocerán tu Nombre y te temerán como te teme Israel; y sabrán que ése es el lugar donde se invoca tu Nombre, en esta Casa que yo he construido. (1 Reyes 8, 43)
y perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti. Perdona todas las rebeliones con que te ha traicionado, y concede que hallen compasión entre los que los deportaron y les tengan piedad; (1 Reyes 8, 50)
Al terminar Salomón esta plegaria y esta súplica, se levantó de delante del altar de Yavé, del lugar donde estaba arrodillado con las manos extendidas hacia el cielo, (1 Reyes 8, 54)
Que ahora Yavé esté con nosotros como estuvo con nuestros padres, que no nos abandone ni nos rechace. (1 Reyes 8, 57)
Y les responderán: «Porque abandonaron a Yavé, su Dios, que sacó a sus padres del país de Egipto, y han seguido a otros dioses, los han servido y adorado, por eso Yavé ha hecho caer todo este mal sobre ellos.» (1 Reyes 9, 9)
Salomón amó, además de la hija de Faraón, a muchas mujeres extranjeras: moabitas, sidonias, amonitas, edomitas y heteas. (1 Reyes 11, 1)
Salomón se interesó por Astarté, diosa de los sidonios, y Milcom, ídolo de los amonitas. (1 Reyes 11, 5)
Partiendo de Madián llegaron a Parán, donde se les juntaron algunos hombres, y llegaron a Egipto, donde Faraón les dio casa, víveres y tierras. (1 Reyes 11, 18)