Encontrados 411 resultados para: Columnas Del Templo
y lo envió con la orden de matar a Judas, dispersar a todos sus hombres y restablecer a Alcimo como sacerdote del Templo sublime. (2 Macabeos 14, 13)
Este debió de darse cuenta que Judas se le había escapado sin deslealtad. Sin embargo, se presentó al Templo Santo en el momento en que los sacerdotes ofrecían los sacrificios rituales y les exigió que le entregaran a Judas. (2 Macabeos 14, 31)
«Si no me entregan encadenado a Judas, arrasaré este lugar consagrado a Dios, destruiré el altar y aquí mismo levantaré un espléndido templo a Dionisio.» Y dicho esto se fue. (2 Macabeos 14, 33)
«A ti, Señor del universo, que nada necesitas, te agradó tener entre nosotros un Templo donde moras. (2 Macabeos 14, 35)
Animados por estas bellísimas palabras de Judas, capaces de estimular el valor y de robustecer las almas jóvenes, decidieron no establecer un campamento con defensas sino lanzarse valerosamente a la ofensiva y resolver la situación luchando con toda valentía, pues estaba en peligro la Ciudad Santa de Jerusalén, la religión y el Templo. (2 Macabeos 15, 17)
Ellos posponían su preocupación por sus esposas, hijos y familiares. Antes que nada temían por el Templo consagrado a Dios. (2 Macabeos 15, 18)
La Sabiduría construyó su casa, levantó sus siete columnas. (Proverbios 9, 1)
Le hizo columnas de plata, el enchapado de oro, el asiento de púrpura; el interior de ébano incrustado. (Cantar 3, 10)
Sus piernas, columnas de mármol, asentadas en basas de oro puro. Su aspecto es como el Líbano, majestuoso como los cedros. (Cantar 5, 15)
Feliz también el eunuco si no tomó parte en el mal ni tuvo pensamientos de rebelión contra el Señor: su fidelidad será bien recompensada, tendrá un lugar de privilegio en el templo del Señor. (Sabiduría 3, 14)
Me has dicho que te construya un templo en la montaña santa, un altar en la ciudad donde habitas, a semejanza de esa Tienda celestial que habías preparado para ti desde el principio. (Sabiduría 9, 8)
Como columnas de oro en una base de plata, así son unas lindas piernas en unos talones bien plantados. (Sirácides (Eclesiástico) 26, 18)