| 1. | Mi aliento se agota, mis días se apagan sólo me queda el cementerio. |
| 2. | ¿No estoy a merced de las burlas, y en amarguras pasan mis ojos las noches? |
| 3. | Coloca, pues, mi fianza junto a ti, ¿quién, si no, querrá chocar mi mano? |
| 4. | Tú has cerrado su mente a la razón, por eso ninguna mano se levanta |
| 5. | Como el que anuncia a sus amigos un reparto, cuando languidecen los ojos de sus hijos, |
| 6. | me he hecho yo proverbio de las gentes, alguien a quien escupen en la cara. |
| 7. | Mis ojos se apagan de pesar, mis miembros se desvanecen como sombra. |
| 8. | Los hombres rectos quedan de ello asombrados, contra el impío se indigna el inocente; |
| 9. | el justo se afianza en su camino, y el de manos puras redobla su energía. |
| 10. | Pero, vosotros todos, volved otra vez, ¡no hallaré un solo sabio entre vosotros! |
| 11. | Mis días han pasado con mis planes, se han deshecho los deseos de mi corazón. |
| 12. | Algunos hacen de la noche día: se acercaría la luz que ahuyenta las tinieblas. |
| 13. | Mas ¿qué espero? Mi casa es el seol, en las tinieblas extendí mi lecho. |
| 14. | Y grito a la fosa: «¡Tú mi padre!», a los gusanos: «¡Mi madre y mis hermanos!» |
| 15. | ¿Dónde está, pues, mi esperanza? y mi felicidad ¿quién la divisa? |
| 16. | ¿Van a bajar conmigo hasta el seol? ¿Nos hundiremos juntos en el polvo? |