Talált 89 Eredmények: huesos

  • Un corazón apacible es la vida del cuerpo, pero la envidia corroe los huesos. (Proverbios 14, 30)

  • Una mirada luminosa alegra el corazón, una buena noticia vigoriza los huesos. (Proverbios 15, 30)

  • Un corazón alegre es el mejor remedio, pero el espíritu abatido reseca los huesos. (Proverbios 17, 22)

  • Así como ignoras cómo llega el aliento vital a los huesos en el seno de la mujer embarazada, así también ignoras la obra de Dios, que hace todas las cosas. (Eclesiastés 11, 5)

  • Un golpe de látigo deja una marca, pero un golpe de lengua quiebra los huesos. (Eclesiástico 28, 17)

  • ¡Que sus huesos reflorezcan de sus tumbas, y sus nombres se renueven en los hijos de esos hombres ilustres! (Eclesiástico 46, 12)

  • En cuanto a los doce Profetas, que sus huesos reflorezcan desde su tumba, porque ellos consolaron a Jacob y lo libraron por la fidelidad y la esperanza. (Eclesiástico 49, 10)

  • Tampoco nació ningún hombre como José, jefe de sus hermanos, sostén de su pueblo; sus huesos fueron tratados con respeto. (Eclesiástico 49, 15)

  • Pido auxilio hasta la mañana; él quiebra todos mis huesos como un león: ¡de la mañana a la noche terminas conmigo! (Isaías 38, 13)

  • El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor; tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan. (Isaías 58, 11)

  • Al ver esto, se llenarán de gozo y sus huesos florecerán como la hierba. La mano del Señor se manifestará a sus servidores, y a sus enemigos, su indignación. (Isaías 66, 14)

  • En aquel tiempo -oráculo del Señor- sacarán de sus tumbas los huesos de los reyes de Judá, los huesos de sus príncipes, los huesos de los sacerdotes, los huesos de los profetas y los huesos de los habitantes de Jerusalén. (Jeremías 8, 1)


“Subamos sem nos cansarmos, sob a celeste vista do Salvador. Distanciemo-nos das afeições terrenas. Despojemo-nos do homem velho e vistamo-nos do homem novo. Aspiremos à felicidade que nos está reservada.” São Padre Pio de Pietrelcina