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  • A los demás les digo, como cosa mía y no del Señor: si algún hermano tiene una esposa que no es creyente, pero acepta vivir con él, que no la despida. (1º Carta a los Corintios 7, 12)

  • Del mismo modo, si una mujer tiene un esposo que no es creyente, pero acepta vivir con ella, que no se divorcie. (1º Carta a los Corintios 7, 13)

  • Pues el esposo no creyente es santificado mediante su esposa, y la esposa no creyente es santificada mediante su marido cristiano. De no ser así, también sus hijos estarían lejos de Dios, mientras que en realidad ya han sido consagrados. (1º Carta a los Corintios 7, 14)

  • Si el esposo o la esposa no creyente se quiere separar, que se separe. En este caso el esposo o la esposa creyente no están esclavizados, pues el Señor nos ha llamado a vivir en paz. (1º Carta a los Corintios 7, 15)

  • Entiendan, pues, que hablar en lenguas es una señal para quienes no creen, pero no para los creyentes; en cambio, la profecía es para los creyentes, no para los que no creen. (1º Carta a los Corintios 14, 22)

  • Hermanos, todavía una recomendación más. Como ustedes saben, Estefanás y los suyos son los primeros que se convirtieron en Acaya, y se han puesto al servicio de los creyentes. (1º Carta a los Corintios 16, 15)

  • En Damasco, el gobernador del rey Aretas hizo vigilar la ciudad con intención de apresarme, (2º Carta a los Corintios 11, 32)

  • Sé de un cierto creyente, el cual hace catorce años fue arrebatado hasta el tercer cielo. Si fue con el cuerpo o fuera del cuerpo, eso no lo sé, lo sabe Dios. (2º Carta a los Corintios 12, 2)

  • Acuérdense de Abrahán: Creyó a Dios, que se lo tomó en cuenta y lo consideró un justo. (Carta a los Gálatas 3, 6)

  • Así los que entran por la fe reciben la bendición junto con el creyente Abrahán. (Carta a los Gálatas 3, 9)

  • Pero no; la Escritura lo encerró todo en los marcos del pecado, de tal manera que lo prometido llega a los creyentes por medio de la fe en Cristo Jesús. (Carta a los Gálatas 3, 22)

  • La Ley nos conducía al maestro, a Cristo, para que creyéramos, y así fuéramos justos. (Carta a los Gálatas 3, 24)


“Dirás tu o mais belo dos credos quando houver noite em redor de ti, na hora do sacrifício, na dor, no supremo esforço duma vontade inquebrantável para o bem. Este credo é como um relâmpago que rasga a escuridão de teu espírito e no seu brilho te eleva a Deus”. São Padre Pio de Pietrelcina