Encontrados 42 resultados para: adversario

  • Si tú escuchas realmente su voz y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios. (Exodo 23, 22)

  • Pero los jefes filisteos se irritaron contra Aquís y le dijeron: "¡Despide a ese hombre! Que se vuelva al lugar que le has asignado y no baje a combatir con nosotros, no sea que lo tengamos como adversario en pleno combate. ¿Con qué va a congraciarse con su señor sino con la cabeza de estos hombres? (I Samuel 29, 4)

  • Cada uno tomó por la cabeza a su adversario y le hundió la espada en el costado, de manera que cayeron todos al mismo tiempo. Por eso a aquel lugar, que está junto a Gabaón, se lo llamó "Campo de los costados". (II Samuel 2, 16)

  • El Señor le suscitó a Salomón un adversario: Hadad, el edomita, de la estirpe real de Edóm. (I Reyes 11, 14)

  • Dios le suscitó además a Salomón otro adversario: Rezón, hijo de Eliadá. Él había huido de Hadadézer, rey de Sobá, su señor; (I Reyes 11, 23)

  • Ester respondió: "¡El enemigo y adversario es ese miserable de Amán!". Amán quedó aterrorizado ante el rey y la reina. (Ester 7, 6)

  • El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también el Adversario estaba en medio de ellos. (Job 1, 6)

  • El Señor le dijo: "¿De dónde vienes?". El Adversario respondió al Señor: "De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá". (Job 1, 7)

  • Pero el Adversario le respondió: "¡No por nada teme Job al Señor! (Job 1, 9)

  • El Señor dijo al Adversario: "Está bien. Todo lo que le pertenece está en tu poder, pero no pongas tu mano sobre él". Y el Adversario se alejó de la presencia del Señor. (Job 1, 12)

  • El día en que los hijos de Dios fueron a presentarse delante del Señor, también fue el Adversario en medio de ellos, para presentarse delante del Señor. (Job 2, 1)

  • El Señor le dijo: "¿De dónde vienes?". El Adversario respondió al Señor: "De rondar por la tierra, yendo de aquí para allá". (Job 2, 2)


“Há alegrias tão sublimes e dores tão profundas que não se consegue exprimir com palavras. O silêncio é o último recurso da alma, quando ela está inefavelmente feliz ou extremamente oprimida!” São Padre Pio de Pietrelcina