Encontrados 87 resultados para: codos

  • Harás un Arca de madera de acacia, de dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho y otro codo y medio de alto. (Exodo 25, 10)

  • Le harás una cubierta, el «Lugar del Perdón», de oro puro, de dos codos y medio de largo y codo y medio de ancho. (Exodo 25, 17)

  • Harás también una mesa de madera de acacia, de dos codos de largo, uno de ancho y uno y medio de alto. (Exodo 25, 23)

  • Bezaleel hizo el Arca de madera de acacia, con una longitud de dos codos y medio, codo y medio de anchura y otro codo y medio de altura. (Exodo 37, 1)

  • Hizo el Lugar del Perdón de oro puro, de dos codos y medio de largo y codo y medio de ancho. (Exodo 37, 6)

  • Hizo también una mesa de madera de acacia, de dos codos de largo, uno de ancho y uno y medio de alto. (Exodo 37, 10)

  • Empezó a soplar un viento: venía de Yavé. El viento venía del mar y arrastraba codornices, las que dispersó por el campamento y sus alrededores hasta un día de camino. Las había por todo el derredor del campamento formando una capa de dos codos. (Números 11, 31)

  • Mató también a un egipcio que tenía cinco codos de altura; el egipcio tenía en su mano una lanza del tamaño de un enjullo de telar. Arremetió contra él con un palo, le arrebató la lanza que tenía en la mano, y con la misma lo mató. (1 Crónicas 11, 23)

  • La Casa de Dios que Salomón edificó tenía sesenta codos de longitud, en codos de medida antigua; y veinte codos de anchura. (2 Crónicas 3, 3)

  • El vestíbulo que estaba delante tenía una longitud de veinte codos, correspondientes al ancho de la casa, y una altura de ciento veinte. Salomón lo recubrió por dentro de oro puro. (2 Crónicas 3, 4)

  • Construyó también la sala del Lugar Santísimo, cuya longitud, correspondiente al ancho de la Casa, era de veinte codos y su anchura igualmente de veinte codos. Lo revistió de oro puro, por seiscientos talentos. (2 Crónicas 3, 8)

  • Las alas de los querubines se extendían por todo el largo, es decir, veinte codos. Cada ala tenía cinco codos; una tocaba la pared de la sala; la otra tocaba el ala del otro querubín. (2 Crónicas 3, 11)


“O bem dura eternamente.” São Padre Pio de Pietrelcina