1. Queridos míos, no os fiéis de todos los que dicen que hablan en nombre de Dios; comprobadlo antes.

2. En esto distinguiréis si son de Dios; el que confiesa que Jesús es el mesías hecho hombre es de Dios;

3. y el que no confiesa a Jesús no es de Dios, sino del anticristo, del cual habéis oído decir que estaba para venir y ya está en el mundo.

4. Hijos míos, vosotros sois de Dios, y lo habéis vencido. Porque el que está en vosotros es más grande que el que está en el mundo.

5. Ellos son del mundo, y por eso hablan según el mundo, y el mundo los escucha.

6. Pero nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha; y el que no es de Dios no nos escucha. En esto distinguimos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

7. Queridos míos, amémonos los unos a los otros, porque el amor es de Dios; y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

8. El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor.

9. En esto se ha manifestado el amor de Dios por nosotros: en que ha mandado a su Hijo único al mundo para que nosotros vivamos por él.

10. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Dios nos ha amado a nosotros y ha enviado a su Hijo como víctima expiatoria por nuestros pecados.

11. Queridos míos, si Dios nos ha amado de este modo, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros.

12. Jamás ha visto nadie a Dios. Si nos amamos los unos a los otros, Dios está en nosotros, y su amor en nosotros es perfecto.

13. Por esto conocemos que estamos con él y él en nosotros: porque él nos ha dado su Espíritu.

14. Nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado a su Hijo, el Salvador del mundo.

15. Si uno confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios está en él y él en Dios.

16. Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído. Dios es amor; y el que está en el amor está en Dios, y Dios en él.

17. En esto consiste la perfección del amor en nosotros: en que tenemos confianza absoluta en el día del juicio; porque como es él, así somos nosotros en este mundo.

18. En el amor no hay temor; por el contrario, el amor perfecto desecha el temor, pues el temor supone castigo, y el que teme no es perfecto en el amor.

19. Nosotros amamos porque él nos amó primero.

20. Si alguno dice que ama a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso. El que no ama a su hermano, al que ve, no puede amar a Dios, al que no ve.

21. Éste es el mandamiento que hemos recibido de él: que el que ame a Dios, ame también a su hermano.



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“Imitemos o coração de Jesus, especialmente na dor, e assim nos conformaremos cada vez mais e mais com este coração divino para que, um dia, lá em cima no Céu, também nós possamos glorificar o Pai celeste ao lado daquele que tanto sofreu”. São Padre Pio de Pietrelcina

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