1. El que guarda la ley multiplica las ofrendas, el que observa los mandamientos ofrece sacrificios de reconciliación.

2. Ser agradecidos a Dios es ofrecer flor de harina, y quien hace limosna ofrece sacrificio de acción de gracias.

3. Apartarse del mal es cosa agradable al Señor; alejarse de la injusticia, sacrificio expiatorio.

4. No te presentes con las manos vacías ante el Señor, pues todas las cosas se deben hacer cumpliendo los mandamientos.

5. La ofrenda del justo da lustre al altar, y su suave olor se eleva hasta el altísimo.

6. El sacrificio del justo es aceptable, su recuerdo no será olvidado.

7. Honra al Señor con ofrenda generosa, y no seas mezquino al presentar tus primicias.

8. Cuando ofrezcas algo, hazlo con cara alegre y da los diezmos con alegría.

9. Da al altísimo como él te dio, con ánimo generoso según tus posibilidades.

10. Porque el Señor lo paga todo y te devolverá siete veces más.

11. No intentes sobornarlo, que no recibirá tus dones; y no te confíes en ofrendas de cosas adquiridas con injusticias.

12. Porque el Señor es juez, y no hay ante él acepción de personas.

13. No hará acepción de personas contra el pobre, pero escuchará la súplica del oprimido.

14. No desdeña la súplica del huérfano ni la de la viuda si prodiga ante él sus quejas.

15. ¿No corren las lágrimas de la viuda por sus mejillas? Y su grito, ¿no es contra quien las hace correr?

16. El que sirve al Señor como él quiere es aceptado, y su súplica llega a las nubes.

17. La súplica del humilde atraviesa las nubes; no descansa hasta llegar a Dios,

18. y no se retira hasta que intervenga el altísimo, reconozca el derecho de los justos y les haga justicia.

19. El Señor no tardará ni tendrá paciencia con ellos,

20. hasta que haya machacado los lomos de los hombres sin piedad y haya tomado venganza de las gentes;

21. hasta que haya exterminado la multitud de los arrogantes y hecho trizas el cetro de los que practican la injusticia;

22. hasta que haya devuelto a cada uno según sus obras y retribuido las obras de los hombres según sus intenciones;

23. hasta que haya hecho justicia a su pueblo y le haya alegrado con su misericordia.

24. Oportuna es la misericordia en el tiempo de la tribulación; como nubes de agua en tiempo de sequía.



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“Não queremos aceitar o fato de que o sofrimento é necessário para nossa alma e de que a cruz deve ser o nosso pão cotidiano. Assim como o corpo precisa ser nutrido, também a alma precisa da cruz, dia a dia, para purificá-la e desapegá-la das coisas terrenas. Não queremos entender que Deus não quer e não pode salvar-nos nem santificar-nos sem a cruz. Quanto mais Ele chama uma alma a Si, mais a santifica por meio da cruz.” São Padre Pio de Pietrelcina

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