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Encontrados 55 registros para: vivio



David vivió en territorio de los filisteos un año y cuatro meses. (1 Samuel 27,7)

  

Jeroboam fortificó Siquem, en los cerros de Efraím, y vivió en ella. Después se fue a Penuel y también la fortificó. (1 Reyes 12,25)

  

Yavé escuchó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a él y revivió. (1 Reyes 17,22)

  

En cuanto a Amasías, sobrevivió quince años después de la muerte de Joás, rey de Israel. (2 Reyes 14,17)

  

El rey fue víctima de una plaga de Yavé, pues enfermó de lepra, y quedó leproso hasta el día de su muerte. Vivió en una casa aislada, mientras Jotam, su hijo, estaba al frente de la casa del rey y administraba justicia al reino. (2 Reyes 15,5)

  

Joás hizo lo que es bueno delante de Yavé mientras vivió el sacerdote Joyadá. (2 Crónicas 24,2)

  

Amasías, hijo de Joás, rey de Judá, vivió quince años después de la muerte de Joás, hijo de Joacaz, rey de Israel. (2 Crónicas 25,25)

  

El rey Ozías quedó leproso hasta el día de su muerte y vivió en una casa aislada como leproso, porque había sido excluido de la Casa de Yavé; su hijo Jotam estaba al frente de la Casa del rey y gobernaba al pueblo. (2 Crónicas 26,21)

  

Josías hizo desaparecer todas las abominaciones de las provincias en que vivían los hijos de Israel y obligó a todos los que se encontraban en Jerusalén a servir a Yavé, su Dios. Y mientras él vivió no se apartaron más de Yavé, el Dios de sus padres. (2 Crónicas 34,33)

  

Tobit murió en paz a la edad de ciento doce años y fue sepultado dignamente en Nínive. Tenía sesenta y dos años cuando quedó ciego; después de recuperar la vista vivió feliz, practicó la limosna, alabó siempre a Dios y proclamó sus grandezas. (Tobías 14,2)

  

Mientras vivió Judit, nadie amenazó a Israel, y ni siquiera mucho tiempo después de su muerte. (Judit 16,25)

  

Así se lee, en efecto, que Mardoqueo era el primer ministro del rey; que fue muy apreciado por los judíos y querido por todos sus hermanos; que procuró siempre el bien de su pueblo y vivió preocupado de la felicidad de sus connacionales. (Ester 10,3)