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Encontrados 224 registros para: suelo



Un joven, llamado Eutico, estaba sentado en el borde de la ventana, y como Pablo no terminaba de hablar, el sueño acabó por vencerle. Se durmió y se cayó desde el tercer piso al suelo. Lo recogieron muerto. (Hecho de los Apóstoles 20,9)

  

En cuanto al joven, lo trajeron vivo, lo que fue para todos un gran consuelo. (Hecho de los Apóstoles 20,12)

  

Caí al suelo y oí una voz que me decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?» (Hecho de los Apóstoles 22,7)

  

Todos caímos al suelo y yo oí una voz que me decía en hebreo: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? En vano pataleas contra el aguijón.» (Hecho de los Apóstoles 26,14)

  

Todas esas escrituras proféticas se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que, perseverando y teniendo el consuelo de las Escrituras, no nos falte la esperanza. (Carta a los Romanos 15,4)

  

Que Dios, de quien procede toda perseverancia y consuelo, les conceda también a todos vivir en buen acuerdo, según el espíritu de Cristo Jesús. (Carta a los Romanos 15,5)

  

El que profetiza, en cambio, da a los demás firmeza, aliento y consuelo. (1º Carta a los Corintios 14,3)

  

Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús, nuestro Señor, Padre lleno de ternura, Dios del que viene todo consuelo. (2º Carta a los Corintios 1,3)

  

El nos conforta en toda prueba, para que también nosotros seamos capaces de confortar a los que están en cualquier dificultad, mediante el mismo consuelo que recibimos de Dios. (2º Carta a los Corintios 1,4)

  

Pues en la misma medida en que los sufrimientos de Cristo recaen abundantemente sobre nosotros, el consuelo de Cristo también nos llega con mayor abundancia. (2º Carta a los Corintios 1,5)

  

Estas pruebas nuestras son para consuelo y salvación de ustedes, y de igual modo nuestro consuelo será consuelo para ustedes cuando tengan que soportar los mismos sufrimientos que ahora padecemos nosotros. (2º Carta a los Corintios 1,6)

  

Si ustedes comparten nuestros sufrimientos, también compartirán nuestro consuelo; se lo decimos y lo esperamos con mucha firmeza. (2º Carta a los Corintios 1,7)