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Encontrados 126 registros para: costa



Jesús le contestó: «Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene dónde recostar la cabeza.» (Evangelio según San Mateo 8,20)

  

Cuando la mujer llegó a su casa, encontró a la niña acostada en la cama; el demonio se había ido. (Evangelio según San Marcos 7,30)

  

Miren cómo lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» (Evangelio según San Lucas 2,12)

  

Fueron apresuradamente y hallaron a María y a José con el recién nacido acostado en el pesebre. (Evangelio según San Lucas 2,16)

  

Jesús bajó con ellos y se detuvo en un lugar llano. Había allí un grupo impresionante de discípulos suyos y una cantidad de gente procedente de toda Judea y de Jerusalén, y también de la costa de Tiro y de Sidón. Habían venido para oírlo y para que los sanara de sus enfermedades; (Evangelio según San Lucas 6,17)

  

Jesús le contestó: «Los zorros tienen cuevas y las aves tienen nidos, pero el Hijo del Hombre ni siquiera tiene donde recostar la cabeza.» (Evangelio según San Lucas 9,58)

  

Y el otro le responde a usted desde adentro: «No me molestes; la puerta está cerrada y mis hijos y yo estamos ya acostados; no puedo levantarme a dártelos». (Evangelio según San Lucas 11,7)

  

Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba recostado junto a él en la mesa, (Evangelio según San Juan 13,23)

  

sino que uno de los soldados le abrió el costado con la lanza, y al instante salió sangre y agua. (Evangelio según San Juan 19,34)

  

Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron mucho al ver al Señor. (Evangelio según San Juan 20,20)

  

Los otros discípulos le dijeron: «Hemos visto al Señor.» Pero él contestó: «Hasta que no vea la marca de los clavos en sus manos, no meta mis dedos en el agujero de los clavos y no introduzca mi mano en la herida de su costado, no creeré.» (Evangelio según San Juan 20,25)

  

Después dijo a Tomás: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree.» (Evangelio según San Juan 20,27)