| 1. | «Cielos, presten oídos, que voy a hablar, y la tierra toda escuche las palabras de mi boca. |
| 2. | Como lluvia se derrame mi doctrina, caiga como rocío mi palabra, como suave lluvia sobre la verde hierba, como aguacero sobre el césped. |
| 3. | Voy a proclamar el nombre de Yavé: ¡alaben a nuestro Dios! |
| 4. | El es la Roca, cuya obra es perfecta, y todos sus caminos son justicia. Es Dios leal, enemigo del mal, es recto y justo. |
| 5. | Se portaron mal con él, ¡hijos indignos! generación perversa y depravada. |
| 6. | ¿Así pagas a Yavé, pueblo tonto y estúpido? ¿No es él tu Padre, el que te creó, el que te hizo y te estableció? |
| 7. | Acuérdate de los días pasados, recuerda las generaciones anteriores. Interroga a tu padre, que te cuente, a tus ancianos, que te expliquen. |
| 8. | Cuando el Altísimo dio a cada pueblo su tierra, cuando repartió a los hijos de Adán, fijó las fronteras de los pueblos según el número de los Hijos de Dios. |
| 9. | Pero la parte de Yavé fue su pueblo, Jacob fue su propio dominio. |
| 10. | Lo encontró en el desierto, en la soledad rugiente, y lo cubrió, lo alimentó, lo cuidó como a la niña de sus ojos. |
| 11. | Como un águila cubre a sus polluelos, y revolotea sobre ellos, así él extendió sus alas y lo tomó y lo llevó sobre sus plumas. |
| 12. | Sólo Yavé lo guiaba, no estaba con él ningún dios ajeno. |
| 13. | Lo estableció en las tierras altas, lo alimentó de los frutos del campo, le dio a gustar la miel de una peña que sale como aceite del hueco de la roca, |
| 14. | la crema de la vaca y la leche de las ovejas. la grasa de los corderos, y la flor de los granos de trigo. tuvo por bebida el jugo de la uva. |
| 15. | Comió el Regalón y se sació, engordó Israel y dio coces, rechazó a Dios, que lo formó, despreció a su Roca, que lo salvó. |
| 16. | Despertaron sus celos con dioses ajenos, lo irritaron con sus ídolos. |
| 17. | Sacrificaron, no a Dios, sino a demonios. a dioses que no eran suyos, dioses nuevos, recién llegados, a los que nunca veneraron sus padres. |
| 18. | ¿Cómo? Olvidas a la Roca que te creó, ignoras al Dios que te engendró? |
| 19. | Yavé lo ha visto, y desprecia a sus hijos e hijas que lo han ofendido. |
| 20. | Les voy a esconder mi rostro, a ver qué será de ellos. Estos son una generación perversa, hijos de los que uno no se puede fiar. |
| 21. | Me pusieron celoso con lo que no es Dios, me molestaron con cosas que no sirven. Por eso yo los pondré celosos de una gente que no es pueblo. y los molestará una nación que no sirve. |
| 22. | ¡Miren que saltó fuego de mi cólera y la llama consume hastaele mundo de abajo, devora la tierra y sus frutos, abrasa los cimientos de los cerros! |
| 23. | Descargaré mis plagas sobre ellos y agotaré en ellos mis dardos. |
| 24. | Los consumirán el hambre, la peste y las fiebres mortales. Dientes de fiera mandaré contra ellos, y el veneno de los reptiles. |
| 25. | Por fuera la espada hará estragos y dentro reinará el espanto. Caerán sobre el joven y la doncella, el niño de pecho y el viejo encanecido. |
| 26. | ¿Acaso diré: A polvo los reduciré, borraré su recuerdo de en medio de los hombres? |
| 27. | Temo que se jacten sus enemigos, ya que no entenderían y dirían: «Les ganamos nosotros, no es Yavé quien lo hizo.» |
| 28. | Israel no sabe conducirse y no hay en ellos sensatez. |
| 29. | Si fueran inteligentes, lo entenderían, y sabrían en qué van a parar: |
| 30. | Un solo enemigo persigue a mil de ellos y dos ponen en fuga a diez mil, ¿no será porque su Roca los ha vendido, porque Yavé los ha entregado? |
| 31. | El enemigo, su roca no es como nuestra Roca, no hay sabiduría en nuestros adversarios. |
| 32. | Porque su viña es viña de Sodoma y de las plantaciones de Gomorra uvas venenosas son sus uvas, racimos amargos sus racimos. |
| 33. | Su vino es veneno de serpiente, mortal ponzoña de áspid. |
| 34. | ¿Qué suerte les tengo reservada, sellada y guardada junto a mí? |
| 35. | ¡A mí la venganza y la sanción en el momento que su pie vacile! Pues se acerca el día de su ruina, y pronto llega su fin. |
| 36. | Porque Yavé hará justicia a su pueblo y se apiadará de sus siervos, cuando vea que su fuerza se agota, que no queda ya ni hombre libre ni esclavo. |
| 37. | Y les dirá: ¿Dónde están sus dioses, la roca en la que buscaban su refugio, |
| 38. | los que comían la grasa de sus sacrificios y bebían el vino de sus ofrendas? ¡Que se levanten y los salven a ustedes!, ¡sean ellos su amparo y refugio! |
| 39. | Vean ahora que Yo, sólo Yo soy, y que no hay más Dios que yo. Yo doy la muerte y la vida, yo hiero, y soy yo mismo el que sano, y no hay quien se libre de mi mano. |
| 40. | Sí, yo alzo al cielo mi mano y digo: «Tan cierto como vivo yo para siempre, |
| 41. | afilaré la punta de mi espada, y mi mano empuñará el Juicio; me vengaré de mis adversarios, y daré el pago a quienes me aborrecen. |
| 42. | Embriagaré de sangre mis saetas, y mi espada se hartará de carne: sangre de muertos y cautivos, cabezas de caudillos enemigos. |
| 43. | ¡Que los cielos festejen a su pueblo! ¡Hijos de Dios, póstrense ante él! Porque él venga la sangre de sus siervos y devuelve la venganza a sus adversarios, mientras purifica la tierra de su pueblo.» |
| 44. | Moisés pronunció las palabras de este cántico ante el pueblo que lo escuchaba, y Josué, hijo de Nun, estaba con él. |
| 45. | Cuando Moisés acabó de pronunciar estas palabras a todo Israel, les dijo: |
| 46. | «Estén bien atentos a todas estas palabras que contienen mi declaración contra ustedes, y digan a sus hijos que cuiden de ponerlas todas en práctica. |
| 47. | Porque no es cosa de poca importancia: esta palabra es su vida y, por ella, ustedes prolongarán sus días en el país que van a conquistar después de pasar el Jordán.» |
| 48. | Yavé habló a Moisés en aquel mismo día y le dijo: |
| 49. | «Sube a los cerros de los Abarim, en el país de Moab, frente a Jericó, y contempla la tierra de Canaán que yo doy a los hijos de Israel. Morirás en el cerro al que vas a subir, |
| 50. | y te reunirás con tus padres, igual que tu hermano Aarón, que murió en el cerro de Hor y fue a reunirse con los suyos. |
| 51. | Bien sabes que han desconfiado de mí en las aguas de Meribá, en el desierto de Zin, cuando no me proclamaron frente al pueblo. |
| 52. | Por eso no entrarás en la Tierra; sólo la contemplarás de lejos.» |